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En donde la vida se torna en nada
Testimonios de las desapariciones de las víctimas de Ciudad Juárez
Investigadores levantan el cuerpo de una mujer hallada muerta en Ciudad Juárez. (AP)
13/6/2006 | StarmediaImprimirEnviar
El drama común de estas mujeres asesinadas y dejadas en el olvido es que todas se consideran seres desechables. La vida es nada en tierra fronteriza y menos si se trata del sexo femenino cuando se habla de sitios donde impera el machismo y la misoginia. Algunos testimonios dan cuenta de ello.

El 'modus operandi' de este tipo de acciones violentas es el mismo que el de los asesinatos en serie o el de las tramas de las mejores novelas negras. Los feminicidios se vinculan a carteles de narcotráficos, bandas callejeras, corrupción policial y demás entramados macabros.

La única verdad es que las muertes no han cesado con el tiempo y al día de hoy ninguna ha sido esclarecida para tranquilidad de sus familiares y amigos.

Testimonios
Lilia Alejandra García Andrade tenía 17 años y era madre de dos niños cuando desapareció el 14 de febrero de 2001 al salir de la fábrica donde trabajaba. Su cadáver fue encontrado siete días después en un terreno baldío, semidesnuda y envuelta en una manta. Como todas, antes de ser estrangulada había sido violada, torturada y mutilada.

Brenda Berenice Delgado apareció asesinada a los 6 años de edad en febrero de 2003. Brenda salió de su casa a las seis de la tarde para comprar un refresco en la tienda de la esquina y ya no volvió a aparecer. El crimen aún está impune.

Alejandra Yanel Díaz Sánchez tenía 13 años cuando fue torturada y asesinada del 7 de febrero de 2006 en su casa mientras su madre estaba trabajando en una fábrica maquiladora.

Silvia Elena Rivera Morales fue torturada y asesinada en 1995 a los 16 años. A 9 años del asesinato de su hija, Ramona Morales, desconfía de la efectividad de la justicia. Padece además de la ausencia de su hija  la pérdida de Ángel, su esposo, quien falleció de cáncer dos meses después que Silvia Elena, pues su enfermedad se agudizó al ver cómo le arrebataron la vida de su hija sin poder hacer nada.

Violeta Mabel Alvidrez Barrio tenía 18 años cuando fue secuestrada el 4 de febrero de 2003. Su cadáver se encontró quince días después, pero llevaba sin vida desde hacía tres o cuatro días, por lo que se deduce que había sido capturada y retenida desde hacía más tiempo.

Karina Payán fue asesinada el 5 de agosto del 2000. Era madre de una niña. Las autoridades, para negar el móvil sexual, dijeron que falleció durante un asalto, ya que su cuerpo fue encontrado en el negocio que poseía. Karina estaba desnuda y atada de pies y manos en un baldío.

Hester van Nierop, una estudiante holandesa de 18 años, fue secuestrada en septiembre de 1998 y doce horas más tarde de su secuestro se encontró su cadáver en la habitación del hotel donde residía. Había sido violada, torturada y estrangulada.

Encontrar los cuerpos de estas mujeres, en muchos casos, se vuelve tan difícil como juntar las piezas de un puzzle, puesto que los asesinos se encargan de borrar todas las huellas que puedan dejar para convertir los asesinatos en casos inexistentes. Entonces sin pruebas hay silencio total, o sea el vacío.



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