Sin embargo, la realidad muestra una situación diferente. Son los países en vías de desarrollo, aquellos que comienzan la andadura de su crecimientos, los que presentan una percepción de la violencia más abultada.
Un estudio presentado en la Casa de América por su director, Kevin Casas Zamora, el también vicepresidente de Costa Rica, indica que la población con elevado nivel económico se siente especialmente amenazada y sin embargo, no son realmente los más afectados por la inseguridad ciudadana ya que sus recursos les proporcionan seguridad privada e independiente del Estado.
Por ello, la política no es una estructura de apoyo y protección para estos ciudadanos, como tampoco lo es la policía hacia la que se experimenta, en la mayoría de los casos, el sentimiento contrario de rechazo.
Unidos ante el peligro
Este hecho ha llevado a los ciudadanos al asociativismo, un hecho creciente que en la mayoría de las ocasiones se desvía hacia objetivos diferentes a los que encontró en su origen. El temor favorece la unión, pero una unión interesada que busca la lucha contra la delincuencia, y que afecta directamente a la administración.
Así mismo, Kevin Casas destaca que "la participación de la ciudadanía en la construcción de comunidades seguras es muy importante, crucial. Sin embargo, nada sustituye es primorcial el papel de las instituciones públicas, como la policía".
Efectos de la inseguridad ciudadana
Los efectos de la inseguridad ciudadana se manifiestan tanto en la vida diaria de las personas como en la vida pública, en la sociedad en su conjunto.
El político costarricense hizo un breve repaso a aquellos aspectos que se ven más amenazados por la violencia y el temor, entre los que resaltó principalmente la incapacidad para el desarrollo humano o el cuartel a las libertades y capacidades de los individuos a nivel personal. Pero, el efecto más pernicioso es que, según Casas, "la inseguridad ciudadana hace que las personas terminen aceptando el temor cotidiano como una actitud de vida".
Actividades exentas de riesgo en países desarrollados como coger el autobus, dejar que los niños jueguen en la calle, hacer ejercicio al aire libre, acudir a bares y discotecas durante la noche, se convierten en acciones peligrosas en buena parte de la región latinoamericana.
Desde el punto de vista social, destaca de manera primordial la reducción de recursos económicos que al aplicarse a medidas de seguridad más contundentes impide el desarrollo de otras medidas, principalmente las políticas de ámbito social.
La intolerancia del miedo
No obstante, el estudio elaborado por el gobierno costarricense no se queda hay. Este análisis muestra como el grado de tolerancia social mantiene una relación directamente proporcional con el nivel de miedo de la ciudadanía. De tal modo que el 80% del grupo población que se confiesa más asustado, piensa que la gente se aprovecharía de ellos si tuviesen la oportunidad. El miedo genera intolerancia, de manera que cuanto más asustada se siente la sociedad más rechaza la diferencia en su día a día, ya sea racial, política, religiosa, etc.
Esta situación se repite en otros ámbitos como la predisposición hacia situaciones extremas de derecho, entre las que Casas plantea el linchamiento de delincuentes, la aceptación de derecho a muerte de delincuentes para la protección familiar o la venganza. A medida que el miedo crece, estas medidas se endurecen, llegando a puntos como la pena de muerte, las barreras de entrada de inmigrantes, etc.
"La seguridad ciudadana es una prioridad indiscutible de la acción del gobierno", concluye Casas, "si no comprendemos la importancia de asegurar la vigencia de los derechos fundamentales como la integridad física o la protección del patrimonio, regresaremos atrás".