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Testimonio de una beneficiaria del plan en Nicaragüa
Cruz del Carmen: "Aprender sirvió para recuperar mi autoestima"
Cruz del Carmen durante el momento de su relato. (Stamedia)
22/3/2006 | Redacción / StarmediaImprimirEnviar

Cruz del Carmen Rojas es una madre nicaragüense de seis hijos que logró vencer la marginación en la que estaba inmersa gracias a su acceso a la educación primaria para adultos y a un curso de habilitación laboral sobre estética y belleza que ahora le ha permitido crear su propia empresa. En la presentación del Plan de Alfabetización nos cuenta sus peripecias para llegar a ser la nueva mujer que es hoy.  


María del Carmen tiene 33 años y participó en el Programa de Alfabetización y Educación Básica de Adultos en su país, Nicaragüa, y se encarga de pasear orgullosa los cambios que se han producido en ella desde que sabe leer y escribir y elegir con total libertad de pensamientos.

"Sirvió para recuperar mi autoestima", explica con una mezcla de orgullo y alegría, entre risas, acción que no deja de hacer en ningún momento, y hasta con cierta picardía y desparpajo.

Cuenta que a temprana edad tuvo que buscar un trabajo y no pudo terminar sus estudios de primaria. “A los 12 años me fui a las calles a vender dulce de leche" y lo que ganaba lo invertía en "comprar útiles escolares”.

A los 16 años quedó embrazada de su primer hijo, por lo que tuvo que abandonar sus estudios y dedicarse a trabajar como empleada doméstica, donde ganaba muy poco. Dos años más tarde conoció a un artesano, profesión que ella también aprendió, con el que se casó y tuvo cinco hijos más.

Sin casa
Hasta ahí se puede decir que la vida no le iba mal, pero al poco tiempo, su suegra, con quien vivía, cedió la propiedad de su casa por engaño y, al morir ésta, quedaron desahuciados.

“Nos quedamos totalmente en la calle, con mis seis hijos y nos fuimos a vivir a un parque público”. Al cabo de algunos meses, el alcalde de León, un pueblo nicaragüense, les cedió un pequeño terreno, donde continúan viviendo.

Tras mudarse ocurrió algo decisivo en su vida: “dos muchachas llegaron a mi casa una tarde, me pidieron agua y me preguntaron porqué yo vivía así, les conté mi historia y entonces ellas me invitaron a estudiar”. Cuenta que por todo lo que había pasado, su autoestima "estaba por el suelo, pero gracias a la alfabetización de adultos, gané confianza y sirvió para recuperar mi autoestima".

Más seguridad
Uno de los mayores beneficios que le ha proporcionado estudiar es que ha ganado “muchísima seguridad”, algo que ella resalta mucho durante su discurso.

Lo que no pierde son los sueños y las utopías, pues sigue "teniendo sueños, porque toda la vida no voy a vivir así, un día voy a construir mi casa, con mi trabajo, esa es una de mis metas, además de que mis hijos se preparen". En eso también insiste: "quiero que mis hijos estudien", como si en ello aseverara su vida actual y a la vez, les brindara protección a ellos.

Para Carmen, el programa ha sido de gran ayuda y no cesa de prodigar sus bondades, porque a ella le ha abierto puertas y la ha ayudado a convertirse en otra Carmen. Una mujer con armas, con herramientas, para pelear por lo que quiere, porque gracias al programa de alfabetización "tiene algo más que ofrecer a sus hijos" para que el día de mañana no pasen por lo que ella pasó. Por eso quiere seguir apoyando proyectos que "mejoran nuestras vidas y dignifican a nuestras familias". 

En la actualidad, Cruz del Carmen vive en León, está felizmente casada y trabaja en estética gracias a un microcrédito, con el cual pudo constituir su propio negocio. Un final felíz para una historia como tantas.



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