El número de las tripulantes de la fragata "Libertad", en la que se forman los guardiamarinas recién salidos de la academia, es en palabras de su capitán, Juan José Iglesias, "todavía reducido", sólo 14 de 311 son mujeres, pero la cifra "está creciendo".
Dos de las jóvenes que iban a engrosar la lista se quedaron fuera a última hora, en una revisión médica descubrieron que estaban embarazadas y la Armada argentina no permite que nadie en ese estado se embarque.
Muy competitiva
"En una carrera tan competitiva como la nuestra creo que realizarse como madre y realizarse como profesional es mucho más difícil para una mujer que para un hombre", agrega. En un cuerpo que premia la calidad operativa y que impone un mínimo de años embarcados para promocionar las barreras se multiplican.
La Armada argentina empezó a contar con mujeres en sus filas hace más de 20 años, pero sólo empezaron a embarcarse al igual que el resto de sus compañeros en el 2005. El capitán de "Libertad" explica que la convivencia con ellas es mucho más difícil para los veteranos, los que comenzaron su carrera en una época diferente, pero "los más jóvenes viven con total naturalidad que haya chicas en el barco".
Los cabos se asean más gracias a ellas
"Cuando llegué al buque me puse a charlar con el suboficial más antiguo que estaba a bordo, le pregunté por la convivencia con las mujeres y él me respondió que no sabía si era bueno o malo, pero que los cabos nunca habían ido tan prolijos a comer, ahora se peinaban, se lavaban e iban siempre bien aseados".
El buque escuela guarda más contradicciones y posibilidades de aprendizaje para sus guardia marinas, dentro de sus 91 metros de eslora y bajo sus 27 velas, viven no sólo militares sino civiles invitados, periodistas, arquitectos o estudiantes, que comparten una experiencia única.
En su viaje trigésimo noveno "Libertad" cubrirá su trayecto más largo, desde Buenos Aires, de donde salió el pasado 5 de mayo, ha pasado por Ciudad del Cabo (Sudáfrica), Bombay (India) y Malaca (Malasia). Y después de Manila, visitará Shanghai (China), Tokio, Sídney (Australia), Isla de Pascua (Chile), entre otros destinos, antes de arribar a Buenos Aires el 6 de diciembre.
Cama y taquilla
Son 231 días de travesía durmiendo en sollados colectivos, cada uno de los tripulantes cuenta con una cama y una taquilla y comparte con decenas de compañeros la misma habitación. Las mujeres duermen todas en un camarote de 15 camas.
Los cadetes, los protagonistas de la fragata, inician la jornada con clases de formación y un horario de trabajo antes del almuerzo, después, descansan un periodo breve y de nuevo a trabajar hasta la cena.
El esquema cambia cuando llegan a puerto; entonces el buque, que también es una embajada andante, se pone al servicio del cuerpo diplomático argentino del país de turno, realiza actividades de ocio y permite a los jóvenes que visiten la ciudad y conozcan la cultura local. "Es el momento que todos estamos esperando, llegar a puerto, conocer un nuevo país, nunca olvidaré la magia de todos esos sitios", declara la cabo Ortiz.