Benedicto XVI confió a los jóvenes que sus años de adolescencia fueron arruinados por "un régimen funesto, que pensaba tener todas las respuestas". "Su influjo creció, filtrándose en las escuelas y en los organismos civiles, así como en la política e incluso en la religión antes de que pudiera percibirse que era un monstruo", dijo.
Joseph Ratzinger contaba en ese entonces con 17 años de edad y en los últimos meses de la II Guerra Mundial (1942-1945) fue llamado a filas en los servicios auxiliares antiaéreos del ejercito alemán.
Ratzinger comentó a los jóvenes, que ahora, muchos de ellos, pueden gozar de las libertades que surgieron gracias a la expansión de la democracia y del respeto de los derechos humanos.
Espontaneidad y entusiasmo
Sin embargo, advirtió, que "el poder destructor permanece. Decir lo contrario será engañarse a sí mismo", aunque añadió que "éste jamás triunfará".