Estás en: Starmedia /
El cardenal que fue 'papable' reflexiona sobre pobreza
Rodríguez Madariaga: "La guerra contra Irak es tan solo una guerra publicitada, pero en total son 35"
Cardenal Oscar Madariaga durante la charla en la Casa de América de Madrid.
10/10/2005 | Mariela González Rosso/StarmediaImprimirEnviar
El cardenal hondureño reflexiona sobre el camino que llevamos y se pregunta "¿Adónde vamos?", en un mundo plagado de guerras y "bordeando el abismo" porque "la guerra contra Irak es tan solo una guerra publicitada pero en el momento son 35 las guerras que cursan con un costo de vida inimaginable". Madariaga pide más implicación de la clase política y que se "acepte el desafío de la pobreza".

Dice que "si se aplicaran los recursos que de manera fácil se presupuestan para la muerte, al único propósito que la gente no muera de hambre y de sed, esos recursos serían más que suficientes. Lo que está haciendo falta es la voluntad política necesaria para ver que se puede comprar seguridad partiendo del hambre y de la miseria del prójimo".

Para el arzobispo, América Latina está volcada a los "viejos populismos" porque están "centrados en la voluntad y en la decisión de que la gente tenga algo para comer", que es lo que necesitan más que nada. Porque "es un derecho sobrevivir, y a ese derecho debe concurrir la política con todo el poder que le ha sido atribuido".

Paz durable
Pide hacer "algo" para "empezar a construir la paz durable que en el terreno de lo práctico está constituida por la capacidad de satisfacer las necesidades ordenadas a la supervivencia".

 

Madariaga quiere implicación ciudadana y lo destaca como el origen de la solución al problema, la solidaridad entre la especie humana, entre una misma tribu porque "convivir significa comunicación de bienes, capaces de entregar la certeza de no morir por carencia".

Solidaridad
Para el arzobispo de Tegucigalpa, "hemos ingresado en la época llamada de la solidaridad en donde no solo debe evitarse hacerle mal al prójimo, sino que es imperativo cuidarse de él, tomarlo como propio, ser corresponsable de su destino".

"Hay un amigo mío que decía, frente a la estatua de la Libertad: 'Es muy bella, pero se les olvidó hacerle enfrente la estatua de la responsabilidad'. Porque una libertad sin responsabilidad no conduce a nada".

Peinsa que el cristianismo "que se vive de ordinario es ese cristianismo donde todavía no se ha dado el paso al amor al prójimo. En el cristianismo, los pecados de omisión son a menudo mucho más significativos y dolorosos que aquellos de la acción. El cristianismo es compromiso con el otro".

No obstante, Madariaga está a la espera del "milagro" y se pregunta "cuántas ollas de solidaridad deben encenderse frente al hambre cotidiano, cuántos dormitorios comunitarios deben abrirse, cuántos testigos deben entregarse si llegamos a la fe de creer de verdad que en cada pobre está la figura de nuestro Dios y Señor. No hay pausa posible, la demora mata".

Pobreza y exclusión
Madariaga cree que se nos está haciendo tarde y echa mano a sus recuerdos de niñez, cuando "escuchaba hablar de pobres, años más tarde, cuando joven, apareció una palabra de un poder gráfico increíble: el marginado. Regresaba al mundo de la escuela, de los cuadernos, los que tenían a la izquierda una línea vertical sobre la que no se escribía, que era la margen. El marginado estaba fuera del texto, estaba en el margen. No contaba pero allí estaba su presencia, estaba en el cuaderno".

Pero piensa que ahora la situación "ha empeorado, la palabra que se utiliza es igualmente gráfica, se habla del excluido. Este ya no está ni siquiera en el margen, está fuera del cuaderno, no pertenece a nuestra realidad".

"Estamos regresando a las peores epocas que se creían superadas por la civilización y estamos regresando sin que nos importe el coste social que ocasiona ese retorno a la injusticia, que se creía superado".

Los excluidos, esa parte de la población que no está dentro del círculo que abarca la sociedad actual "crecen y son diferentes a los pobres que conocíamos. El excluído quiere salir de esa situación a cualquier costo, lo arriesga todo porque no tiene nada que perder. Posee un inconsciente histórico y sabe que al final, en el cuerpo, en la sangre, en la memoria de otro, vencerá".

Inmigración
Madariaga dice que "aquellos excluidos que en el ayer se llamaban migrantes y eran maltratados", hoy en día "forman parte del alma y del cuerpo de esa sociedad que quizo dejarlos de lado".

En cambio, prosigue, "el excluído de hoy siente que le será más difícil ser aceptado pero viene y se queda. El excluido en movimiento. Un excluido que quemó las naves y que reclama, exige y tomará aún las armas para ser valer un derecho que no está dispuesto a discutir". Por eso urge el tiempo de acuerdo a las palabras del cardenal, puesto que "la realidad habla por sí misma".

No cesa su insistencia y su lucha por los derechos humanos, pero, a la vez, afirma "que antes que esto" lo que reclama es "el cumplimiento las necesidades humanas". "Me llama la atención que los defensores de los derechos, al menos una buena parte de ellos, no se comprometen con algo tan concreto y tan real, como es el hombre que te dice de frente: 'tengo hambre'. O la mujer que te dice al rostro que no tiene cómo alimentar a sus hijos. A ello le respondemos la receta salvadora: 'trabajen'. Sin saber que el trabajo fue el primero que abandonó a la pobreza".

Esperanza
El arzobispo de la capital hondureña dice que la esperanza "es algo que viene de la fe" y que es "convicción profunda". Es la que alimenta a muchos pueblos latinoamericanos a seguir día tras día no obstante los problemas que se le plantean.

Cree que "la utopía es importantísima" para mantener la energía y fuerzas necesarias pero parece que "matar los sueños es la tendencia del mundo de hoy" porque "cuando el ser humano no tiene esperanza vive al día", sin aspiraciones, sin grandes sueños, esos que todos "necesitamos".



Contesta al redactor