Estás en: Starmedia /
Arzobispo de Tegucigalpa
"Nada falta a los pocos aunque casi todo falte a los muchos"
Cardenal Óscar Madariaga, minutos antes de comenzar su charla sobre solidaridad y pobreza.
9/10/2005 | Mariela González Rosso/StarmediaImprimirEnviar
El arzobispo de Tegucigalpa, Óscar Rodríguez Maradiaga, ofreció una conferencia en la Casa de América de Madrid y no calló. Es una de las figuras más activas en la lucha por la condonación de la deuda de naciones pobres y en desarrollo. Su nombre sonó fuerte a la hora de elegir un nuevo Papa. Le desespera la injusticia, la desigualdad y el hambre que condena a este mundo donde "el 60 por ciento de la población" no tiene qué llevarse a la boca.

El cardenal Madariaga se refiere a "uno de los temas más viejos en la historia de la humanidad, un tema reiterado, que se esconde y desaparece para luego mostrar de repente un nuevo rostro y desde hoy desafiarnos".

Madariaga ve y concibe la doctrina social de la Iglesia "como un cauce por donde discurre la historia" y confiesa que piensa, lucha y sufre "para que la convivencia sea posible".

Pobreza en el mundo
La pobreza mundial es un tema que le preocupa y con su postura intenta acercarnos a todos para que formemos parte de las carencias del otro, porque está manifiestamente en contra de un mundo que tiene cerca del 60 por ciento de la gente pobre y donde la carencia de comida, agua y vacunas -"cuyo precio no supera los diez centavos de dolar"- causa el deceso de miles de millones de personas.

Las personas en algunos países del Tercer Mundo ya no sueñan porque carecen "de proyectos y porque a duras penas logran satisfacer las exigencias de la supervivencia", dice un Madariaga apenado porque esto suceda. Las encuestas son precisas: "pobre es aquel que recibe menos de dos dólares al día".

"Yo sirvo a un señor que nos dio una fórmula mucho más precisa para reconocer el problema. El asunto no es estadístico...", dice categórico.

La figura de Jesucristo
El cardenal Madariaga resalta la figura de Jesucristo y se refiere a él como el único gran revolucionario, nadie habla de César o después de él, de antes de Napoleón o después de él, de antes de Marx o después de él, de antes de Bush o después de él. Todos decimos antes de Cristo o después de Cristo, porque el señor Jesucristo sí nos cambió los puntos de referencia, las señas de identidad. Esa es la clave".

Luego habla sobre el amor a la paz" y el amor al prójimo". Se pertenecen en que no hay amor a la paz si no hay amor al prójimo y viceversa. Y detrás de todo esto está la solidaridad".

"Casi todo falta a los pocos"
"En nuestras naciones, nada falta a los pocos aunque casi todo falte a los muchos". Es el estatus que busca reafirmarse. Es el rico Epulón". Y cita: "Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino y todos los días celebraba espléndidos banquetes y había también un pobre llamado Lázaro, tendido junto a la puerta cubierto de llagas, que deseaba saciar su hambre con lo que tiraban de la mesa del rico. Hasta los perros venían a lamer sus llagas...".

Madariaga refiere de este modo a la parábola del banquete del rico Epulón y el pobre Lázaro y dice que en la sociedad moderna, "la calidad de vida ha hecho su aparición y será muy difícil entender la cultura del desperdicio".

"Solamente se acepta lo perfecto, lo que según las leyes del mercado se denomina de superior calidad y el resto se vota. Lázaro recoge los sobrantes pero es preciso entender que el número de los Lázaros ha crecido de una manera impresionante, que la mesa debajo está llena a pesar de todo lo que sobra, y las migajas ya no alcanzan para todos". Y urge a la neceidad de "traer sillas, bancos y asientos para ampliar el número de comensales que se sientan a la mesa, que tienen un puesto en la sociedad".

Lucha por los pobres
Pide humanidad y solidaridad por el simple motivo que todos somos humanos y debemos responder por nosotros mismos. Y para ejemplificarlo cita a Aristóteles que "hablaba de los esclavos como unos animales muy parecidos a nosotros, pero eso era antes de Cristo. Sin embargo, la dificultad no desapareció en esa epoca de la gran filosofía de los siglos XVI y XVII y nos tocó realizar concilios para decidir si los indios eran seres humanos. Luego de todo eso, cuando decidimos que sí, que eran humanos, y nos sentimos orgullosos de nuestra inteligencia y consignamos el resultado en la Carta de Derechos Humanos, se nos volvió a olvidar".

"Todavía hoy hay discriminaciones por raza, por el color de la piel, por el género, y lo que es peor, por el interés y no nos asustamos. Lo mismo nos acontenció con la mujer y ella ha tenido que ganarse su puesto en la sociedad luchando con tezón".

Inmigración
La inmigración es un fenómeno que nunca pierde vigencia. Un problema que pone en evidencia las carencias humanas, en acudir y amparar al prójimo ante una situación de necesidad. "En el hemisferio norte se preguntan si el inmigrante es o no tan humano como nosotros y claro está que nosotros nos preguntamos lo mismo con el excluído, tan parecido a nosotros solo que la xenofobia ha retornado. No es ya el color de la piel sino el duro color de la pobreza. La dura verdad de vivir bajo la mesa y no estar sentado a la mesa".

"Me pregunto porqué será que cada gobierno tiene que instaurar la historia, porque no concluye y profundiza lo que ya venía. Porqué siempre estamos comenzando. La guerra idiológica terminó. Pero estamos frente a una guerra peor, la que librarán la que nada tienen que perder".

Partir el pan y compartirlo con los que menos tiempo hoy por hoy es "una urgencia" para Rodríguez Madariaga y dice que el "fatalismo de la pobreza toca a nuestras puertas".

Pobreza
Para el cardenal, "en el umbral de la pobreza están todos los que tienen el riesgo de perder su empleo, están los jóvenes, que de repente se dan cuenta de que estudiaron inutilmente porque no existe un puesto de trabajo que de cauce a sus ilusiones".

Manifiesta lo engañoso de los programas electorales en donde desarrollan la definición de la política como "el arte de sobrevivir juntos humanamente. Entonces, llegamos a la conclusión de que la política está fallando, porque sabe qué debe hacer y no lo hace". "Son los causantes de una guerra, que a diferencia de la deuda externa, no se puede perdonar. La deuda social clama al cielo".



Contesta al redactor