Además de manifestar su interés por "las culturas indígenas", el pontífice se mostró contento por visitar Latinoamérica, una región que acoge casi la mitad de los católicos del mundo, y expresó su deseo de que se convierta "en un continente ejemplar donde se resuelvan los grandes problemas de la humanidad".
Al responder sobre algunos de los problemas que afectan a la región, que visita por primera vez como pontífice, contestó que "el problema de la droga nace por la falta de esperanza en el futuro" y que "los católicos pueden ayudar a erradicar la violencia".
Benedicto XVI afirmó a los periodistas que viajan con él que la misión de la Iglesia y de los católicos es "ofrecer su testimonio para todos juntos encontrar el camino que ofrezca unas condiciones de vida más justas a estas personas".
Por otra parte deseó que de la cumbre de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM), que inaugurará el próximo domingo en Aparecida, salgan las directrices para ofrecer este camino a esas personas "que tienen sed de Dios y de religión".
Cambio doctrinal por cambio político
Respecto a la Teología de la Liberación, una corriente surgida en Latinoamérica y que todavía tiene fuerza en Brasil, pero a la que se opuso firmemente cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dijo que "el cambio de la situación política en América Latina ha propiciado también el cambio sustancial de la doctrina que predica".
"El magisterio de la Iglesia no ha pretendido destruir el sentido de justicia social, sino reconducirlo por el camino justo", agregó. El avión de Benedicto XVI debería aterrizar a las 16.30 hora local (19.30 GMT) en el aeropuerto de Guarulhos, ciudad próxima a São Paulo.
Allí Benedicto XVI será recibido por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien pronunciará unas palabras de bienvenida, mientras que el pontífice dará su bendición y pronunciará un breve discurso antes de trasladarse en helicóptero hasta la base aérea Campo de Marte.
Desde allí se desplazará en el 'papamóvil' hasta el Monasterio de São Bento, nombre en portugués del monasterio de San Benedicto, donde permanecerá alojado hasta el sábado.
Las llaves de São Paulo
El alcalde de São Paulo, Gilberto Kassab, entregará al papa las llaves de la ciudad como símbolo de bienvenida. Se calcula que unas 100.000 personas esperarán en las inmediaciones del monasterio al pontífice, pese al mal tiempo reinante en São Paulo, pero no podrán acercarse a menos de ocho metros del edificio.
Hacia las 18.30 horas (21.30 GMT), el Papa saludará a los fieles y dará su bendición desde un balcón protegido por un cristal blindado. Como medida de seguridad se ha incluido también el despliegue de tiradores de elite de la policía en los tejados vecinos.
El Papa no tiene previstas otras actividades ya que el viaje desde Roma es largo y la diferencia horaria de cinco horas.
Entrevista con Lula el jueves
El grueso del programa oficial comenzará el jueves con una visita de cortesía al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, con quien conversará sobre temas como la desintegración de la familia y la situación de la juventud.
Según el portavoz de Lula, Marcelo Baumbach, "el viaje es de carácter pastoral" y no "una visita de Estado, ni un viaje oficial", lo que excluye la firma de cualquier acuerdo entre Brasil y el Vaticano.
Ambas partes abrieron el año pasado una negociación para un acuerdo marco, a petición de la Iglesia, que "está bien encaminada" pero que "lleva tiempo para madurar", dijo Baumbach.
Un total de 21.000 agentes de la policía militar y civil, las Fuerzas Armadas, y otros órganos del Estados han sido movilizados en el Estado de São Paulo para garantizar la seguridad del Papa, que también contará con la protección de 14 miembros de la Guardia Suiza pontificia.