Es una salida en la que el grupo insurgente ha insistido, casi sin hacer concesiones, ante el Gobierno del presidente colombiano, Álvaro Uribe, que llegó al poder por primera vez en agosto de 2002 con un fuerte discurso contra los grupos armados ilegales.
Unos meses antes, el 23 de febrero de ese mismo año, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) habían secuestrado a Ingrid Betancourt, entonces candidata a la presidencia de Colombia por el partido ecologista Oxígeno Verde.
44 "canjeables"
Uribe tampoco ha dado muestras de flexibilidad para posibilitar un acuerdo con las FARC en pro de un intercambio de los 44 rehenes que la guerrilla considera "canjeables" por 500 guerrilleros presos.
Las mayores discrepancias se centran en el lugar donde se llevarían a cabo las negociaciones.
"Sin ser pesimistas, estamos lejos de convenir el acuerdo humanitario, por la radicalización de las partes y la politización del tema humanitario", dijo en Bogotá el director de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes), Jorge Rojas.