Probablemente ninguna otra capital del mundo tiene un aeropuerto al que se pueda llegar andando o en bicicleta desde el centro. Una comodidad a la que Berlín no debe renunciar, para algunos, una atrocidad para el medio ambiente de su casco urbano, para sus detractores.
"Salvemos Tempelhof. Todo el poder al voto del pueblo", proclaman en pancartas y octavillas los defensores del aeropuerto.
"Basta de gastar en un aeropuerto para ricos", apuntan sus detractores, que pretenden que se ejecute la orden de cierre en octubre de este año.
Que los vecinos defiendan un contaminante aeropuerto junto al balcón de su casa no es lo más corriente. Pero en Tempelhof confluyen características atípicas que hacen de él un caso único. Abierto en 1923, Tempelhof es una "peculiaridad" vinculada a la historia de Berlín.
Aeródromo central del nazismo
En el nazismo fue el aeródromo central, luego se utilizó como destino del puente aéreo que salvó al sector occidental del hambre. En la década de 1960 vio pasear por sus pistas el "glamour" de Marlene Dietrich, Billy Wilder o Marilyn Monroe.