Bruno Kieffer, de 57 años, fue destinado en 1995 a la parroquia Santa Juana de Arco de Besançon, después de 27 años en una congregación italiana. En 1999, varios niños declararon que el sacerdote se paseaba desnudo frente a ellos, visiblemente excitado, y les obligaba a tocar sus órganos sexuales.
Kieffer no reconoció los hechos ante el tribunal que también le condenó a no tener ningún contacto con gente joven y a seguir un tratamiento. La sentencia llega un día después de que un sacerdote canadiense fuera condenado en Francia a 12 años de cárcel por violar a un menor.