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Sentimientos encontrados
Chile se divide entre vivas a Pinochet y alegría por su muerte
Seguidores de Pinochet le despiden. (AP)
11/12/2005 | AFPImprimirEnviar
Con pancartas que lo calificaban como un héroe, centenares de simpatizantes de Augusto Pinochet lloraron y atacaron a los periodistas frente al Hospital Militar de Santiago, donde murió el ex dictador, mientras en otro punto de la ciudad sus detractores lanzaban vivas por su muerte.

Partidarios y opositores comenzaron a reunirse inmediatamente después de que el Hospital Militar informase el fallecimiento del ex dictador, ocurrido a las 14H15 horas locales (17H15 GMT), una semana después de ser hospitalizado por un infarto grave al miocardio y un edema pulmonar agudo.

Sus simpatizantes llegaron hasta el recinto médico, donde se congregaron más de 2.000 pinochetistas que lloraban la muerte de su líder a los 91 años.

"Estoy con mucha pena.

Se fue un gran hombre, todo un héroe", dijo entre sollozos a la AFP Lily Gómez. "Es una pena tan grande que se siente, porque es como si nos hubiéramos quedado huérfanos", señaló por su parte María Santibánez.

La angustia en ocasiones dio paso a la rabia, que provocó incidentes aislados, especialmente con la gran cantidad de periodistas, fotógrafos y cámaras reunidos en el lugar y que recibieron varios golpes.

Celebraciones por la muerte del dictador
La escena era diametralmente distinta en la Plaza Italia, a tres kilómetros, y en las cercanías del centro de Santiago, donde se reunieron más de 3.000 detractores que celebraban la muerte de Pinochet.

Eufóricos, los manifestantes descorcharon botellas de champaña, se abrazaron, brincaron y lanzaron gritos de de júbilo anunciando que "se murió el general".

"Es un carnaval, es un carnaval, se murió el general", cantaban a coro los manifestantes, con globos de colores y pancartas, lanzando al aire papeles y blandiendo al aire cientos de banderas.

El ánimo se encendía más aún al paso de caravanas de vehículos que hacían sonar las bocinas, recordando el más popular de los cánticos durante la dictadura que Pinochet encabezó entre 1973 y 1990: "Y va a caer... y va a caer". Los manifestantes, sin embargo, actualizaron el mensaje y cantaron a coro y abrazados: "Y ya cayó... y ya cayó".

Los retratos, según su tamaño, tenían un valor que fluctuaba entre uno y dos dólares. Las banderas chilenas también se comercializaban en las afueras del recinto médico.



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