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Quedaron pendientes varios cargos
Una sola sentencia llevó a Sadam a la horca
Tras la muerte de Hussein continúa la ola de violencia. (AP)
5/1/2006 | StarmediaImprimirEnviar
Saddam Hussein, quien gobernó Irak de 1979 a 2003, fue condenado a la pena de muerte por un tribunal pro estadounidense que lo declaró culpable de la matanza de 148 chiítas en el poblado de al-Dujail en 1982.

Al conocerse la sentencia, sus abogados presentaron recursos de apelación que fueron rechazados, incluido uno ante la Corte de Distrito de Washington en la que pidieron el aplazamiento con el argumento de que existía un proceso civil pendiente.

Su ejecución se llevó a cabo el pasado 30 de diciembre a las 06:05 horas en Bagdad (03:05 GMT). Horas antes de serle aplicada la pena de muerte, el derrocado mandatario se reunió con dos de sus hermanastros, a quienes entregó su testamento.

Cabe resaltar que la sentencia se llevó a cabo el mismo día que los musulmanes tienen como fecha sagrada para el ejercicio de la clemencia.

El cuerpo de Hussein fue sepultado en el sector Awja de Tikrit, su ciudad natal, en la parcela familiar donde también están inhumados sus hijos Uday y Qusay, quienes murieron en combate con tropas estadounidenses en 2003.

Atentados y festejos en Irak
La muerte del ex dictador Saddam Hussein mantiene al pueblo de Irak dividido, tal y como cuando se encontraba con vida.

Explosiones con carros bomba en diferentes puntos del país ocasionando la muerte de civiles y de tropas estadounidenses, así como celebraciones por su ejecución han sido los hechos que se suman a las jornadas cotidianas en Bagdad y ciudades cercanas.

Pese a que ninguno de los actos violentos ha sido atribuido a algún grupo en especial, ni como resultado de la ejecución de Hussein, su muerte coincide con un aumento de la violencia sectaria en Irak que deja una fuerte preocupación del gobierno estadounidense porque podrían aumentar los ataques por parte de grupos sunnitas.

Ante estos acontecimientos las reacciones gubernamentales no se han dejado esperar, pues ante la segregación por las mayorías chiístas, kurdas y sunitas el primer ministro iraquí Nuri al-Maliki exhortó a todos los seguidores del derrocado régimen de Hussein, a sumarse a la reconstrucción del país, sobre todo a aquellos que no tengan manchadas las manos con sangre de inocentes.

A este llamado se sumó el presidente de la región kurda, Massud Barzani, quien expresó en un comunicado su deseo para que la muerte de Hussein abra un nuevo capítulo en la historia de los iraquíes y termine el uso de la violencia contra los civiles.



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