Ambos líderes republicanos aprovecharon la firma de la ley, que autoriza la polémica construcción de un muro de 1.
"Los jefes del Partido Demócrata en ambas cámaras del Congreso se opusieron a la ley sobre el muro, ignorando las exigencias de los estadounidenses", dijeron ambos congresistas, para quienes la oposición "no tiene ni programa ni solución" para garantizar la seguridad.
"Al poner la política electoral por encima de políticas públicas sensatas y al preocuparse más por la protección de sus escaños que por la protección de nuestras fronteras, este Congreso que no hace nada, celebra la firma de una promesa vacía de mayor vigilancia, y un muro al que no se le asignaron fondos y que probablemente nunca sea construido", añadió.
Oposición de la Iglesia
La Iglesia Católica también lamentó la decisión de Bush: "Este es un día triste para Estados Unidos", dijo el reverendo Gerald Barnes, obispo de San Bernardino (California), en nombre de la Conferencia de Obispos.
"La construcción de la valla no solucionará el problema de la inmigración indocumentada (...). Lo que conseguirá es alentar a los (inmigrantes a recorrer) caminos más peligrosos" para entrar a Estados Unidos, advirtió.
Los latinos, los más afectados
En la comunidad latina, el muro causó gran malestar: "Esta ley no soluciona el asunto de la inmigración, sino que lo empeora", lamentó Janet Murguía, presidenta de Consejo Nacional de la Raza (NCLR), la mayor organización hispana del país.
Rosa Rosales, presidenta de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC), recordó al ex presidente republicano Ronald Reagan (1981-1989) cuando pidió a su homólogo soviético Mijail Gorbachov que "derribara el muro" de Berlín. "¡Y ahora nosotros queremos construir otro!", se indignó.
La Cámara de Comercio Hispana de Estados Unidos sostuvo que esta ley que "construye vallas entre aliados", también "hiere al pequeño comercio y empuja a 12 millones de personas (en alusión a los inmigrantes indocumentados en el país) aun más hacia las sombras".