Ali rehace su vida en Londres. (AP)Ali Ismael Abbas ha cumplido ya 17 años. Su físico apenas recuerda a aquel niño que lloraba desolado, postrado en una cama en un hospital de Bagdad, cuya imagen fue difundida por periódicos y cadenas de televisión de todo el mundo en los primeros días de la guerra.
Perdió a su familia en el bombardeo
El pequeño estaba en casa junto a su familia cuando un misil estadounidense impactó contra la vivienda. Ali, que además de las amputaciones sufrió quemaduras en el sesenta por ciento de su cuerpo, la mitad de ellas de tercer grado, perdió a su madre, que estaba embarazada, a su padre, a un hermano y a otros parientes.
Su drama conmovió al mundo entero. "Hubo mucha presión para que los Gobiernos británico y estadounidense sacaran a aquel pequeño de Bagdad, porque, en caso contrario, moriría", recuerda Zafar Khan, presidente de la Asociación de Personas Sin Extremidades (LA, en sus siglas inglesas) del Reino Unido, que creó un fondo para ayudar al niño.
Ali fue evacuado por un helicóptero estadounidense e ingresado en el hospital Ibn Sinai de Kuwait. Hasta allí se desplazó Khan, para conocer al menor y ver cuál era la mejor forma de utilizar el dinero recaudado. Y allí supo de la existencia de otro niño iraquí, llamado Ahmed Farhan, que había perdido la pierna derecha y la mano izquierda en la misma guerra.
Los olvidados
Su doctora se quejaba indignada de que todo el mundo se sensibilizaba con la historia de Ali, pero nadie hacía nada por el otro menor, de 14 años. "Evidentemente le ofrecimos la misma ayuda a Ahmed", indica Khan.
"Ali y Ahmed se conocieron en el hospital. Ambos fueron trasladados al Reino Unido. Se hicieron amigos y ahora son más que hermanos", añade. Las donaciones recaudadas a través del Fondo Ali se destinaron así al cuidado, asistencia y rehabilitación de los dos pequeños y sus cuidadores en el Reino Unido.
Ali fue tratado en el Hospital Queen Mary de Roehampton, en el suroeste de Londres, especializado en pacientes que han sufrido amputaciones, donde le dotaron de unos brazos robóticos, que no utiliza continuamente porque resultan demasiado pesados, aunque sí para ir al colegio o a actos oficiales.
La vida sigue
Ha aprendido a desarrollar diversas actividades con sus pies, como escribir, jugar con el ordenador, responder el teléfono y marcar los números y hasta pintar. Ha expuesto incluso sus obras en Londres. "Es muy maduro, muy relajado, muy alegre. Siempre está haciendo bromas, incluso cuando estaba en una cama", lo define Khan.
Ali comparte piso en Londres con Ahmed y con uno de sus tíos, estudia en un colegio privado de la capital británica y vuelve a Irak tres meses cada verano para visitar a la familia que le queda. Pero en esta última ocasión no ha ido de vacaciones.
Volvió a Irak para traerse con él a su tío para que cuide de él. "Querría regresar a Londres cuanto antes, pero hay algunos problemas con el visado de mi tío que esperamos que se resuelvan. El Gobierno británico está trabajando en ello", explica. "Mi tío me resulta de mucha ayuda en Londres. Me ayuda a hacer todo lo que necesito", agrega el joven, que no tiene pasaporte británico, pero confía en poder conseguirlo este año.
Un nuevo hogar
Ali echa de menos Londres, ciudad de la que asegura gustarle "todo": "Me gusta mi colegio, me gustan mis amigos... Todo es agradable en Londres". Su vida es, obviamente, más fácil en la capital británica. "En Irak necesito más ayuda.
En Londres todo está adaptado para mí y puedo hacer más cosas por mí mismo", añade. En la actualidad, no precisa asistir a terapia, aunque explica que, dado todo el tiempo que lleva en Irak, unos siete meses ya, sí tendría que volver a revisión al hospital.
Ali habla un inglés fluido, en el que, sin embargo, puede detectarse un cierto acento extranjero. Guarda buenos recuerdos de su viaje en 2004 a España, un país que describe como "precioso" y al que tiene muchas ganas de volver.
Le gusta estudiar, aunque aún no sabe lo que quiere ser de mayor. "No he pensado en ello todavía", confiesa. Sí lo tiene más claro cuando se le pregunta por sus aficiones. "El fútbol", responde casi sin pensarlo. Es hincha del Manchester United. Como cualquier otro adolescente.