Evo Morales tiene dos años más de plazo para tratar de llevar a cabo su programa político. (AP)Todos ellos, con mayor o menos avance, frentes abiertos por Evo Morales que de llevarse a cabo con éxito supondrían un cambio estructural y político jamás conocido en la historia de América Latina.
Si bien algunos países vecinos comparten objetivo, siempre acompañados de confrontación, la base social que respalda a Morales es exclusiva, lo que cambia tanto el proceso como el fin.
La lucha por el cambio
Los defensores del indigenismo y la política social así como los movimientos sociales de diversa índole han puesto sus esperanzas en una Asamblea Constituyente controvertida con un plazo breve y muchos obstáculos en su camino.
En opinión de analistas políticos la fase actual del debate está siendo saboteada por determinados sectores sociales con el bloqueo del artículo 70 del reglamento acerca del sistema de votación.
Jesús Espasandín, experto en movimientos sociales en Bolivia y miembro del CEPS (Centro de Extensión y Proyección Social) opina que la constituyente hoy por hoy es la única manera a corto plazo de ir desmontando desde vías institucionales la arquitectura hecha del estado nación boliviano desde 1925. El único modo que permitirá romper con la estructura establecida y promover el cambio social.
Por otro lado, la ambiciosa reforma de autonomías departamentales supondría una reordenacion territorial profunda, en la que se incluirían las autonomías de comunidades indígenas con derecho a autodeterminación.
Esta propuesta plantea un Estado pluricultural y descentralizado, con un complejo sistema de competencias al que se oponen de forma contundente que hace dificil el consenso.
En el modelo de gestión del poder local los comités cívicos están jugando un papel exigente con contestación directa de los movimientos sociales.
Nacionalizaciones, traspasan fronteras
El último proyecto avanzado del programa gubernamental boliviano, la nacionalización de hidrocarburos, quizás sea la más cuestionada a nivel internacional por la implicación de empresas externas como Repsol YPF, Petrobras o Total.
Desde el decreto de nacionalización del pasado 1 de mayo hasta los últimos acontecimientos, tras el descubrimientos de errores en fechas, nombres y contenido de los contratos, la posición de los reponsables del proceso ha pasado de un lado al otro de la balanza sin resultados precisos.
Las diferentes concepciones entre el propio gobierno y el MAS removieron en septiembre al ministro Andrés Solís Rada, partidario de una nacionalización profunda, reemplazado por Carlos Villegas, con un perfil más académico que ha sido interpretado como ablandamiento o flexibilidad tras derogar completamente los decretos de su antecesor.
Los obstáculos del cambio
Este baibén parece acompañar las acciones de un gobierno con altas expectativas pero sin verdadera libertad para actuar. Nada extraño en una sociedad sometida, a opinión de Espasandín, a unos grupos de poder externos a la política pura con influencia histórica.
Se plantea con Morales un cambio sustancial en el que el protagonismo pasa a los grupos sociales, con un lugar preferencial para los indígenas, a los que se pretende armar con instrumentos y poder necesario para la autogestión económica y política.
En este sentido, a las presiones externas se suma otro contratiempo, el origen social del MAS ha restado profesionalización a sus miembros, de manera que al llegar al poder se han encontrado con una empresa dificil y unos conocimientos fuertes pero imprecisos para desempeñar su función.
Este lleva, según el autor Jesús Espansadín, a que muchos miembros de gobierno no estén preparados y tenga que ir haciéndolo sobre la marcha. Esto está generando problemas sobre si se insertan en los cargos institucionales a gente con raiz indígena y de militancia del MAS o si se acude a simpatizantes de otros sectores de la izquierda.
Política versus sociedad
La inclusión de nuevas tendencias políticas en el gobierno de Morales aumenta el temor de que la esencia indigenista y social del partido pudiera perderse, sin embargo, Jesús Espansadín afirma que los movimientos sociales no son hegemónicos por el hecho de que su instrumento político haya alcanzado el poder.
En este sentido, algunas quejas hacen ver como la corriente de la política se ha llevado por delante parte de ese origen. Un aimara se hizo eco en tertulia sobre Bolivia de las noticias publicadas por algunos periodiscos bolivianos en los que se acusaba al MAS de vender puestos de trabajo público.
Lo que me duele como boliviano y como aimara es que el MAS está adoleciendo de los mismos problemas que adoleció la derecha, se lamenta.
El gobierno de Morales y las acciones empredidas hasta el momento no han estado exentan de polémica. Sin embargo, el grado de actuación y el avance de los proyecto del MAS dependerán, por tanto, del terreno que vaya ganando en esa lucha constante entre el gobierno y la oposición. El propio Morales expresó está idea en su discurso de investidura cuando dijo si no puedo avanzar, empujenme.