Alejandro Foxley, canciller de Chile. (AP)Tras la crisis general experimentada en América Latina a finales de los años 90, Foxley tiene claro cuál es el camino a seguir, y esa base es la cohesión social, que a medio plazo genera desarrollo económico. Para Foxley, “es necesaria para que se genere un entorno socioeconómico que permita un verdadero avance. Cuando no la hay, la gente pierde la paciencia”.
En este sentido, el canciller señala dos etapas por las que los países de América Latina tendrán que pasar para obtener un grado de desarrollo alto: la primera fase, que es la más difícil, y que requiere de “una adhesión pasiva en que la población da tiempo para que se resuelva la pobreza y la extrema pobreza. Los países que así lo entendieron y acompañaron esta apertura con la inclusión social son los que más éxito han tenido”.
Etapa de desarrollo
Sin embargo, el gran reto de la región del Cono Sur, Chile incluido, es la consecución de la segunda etapa, caracterizada por una mayor vulnerabilidad de la economía y tras la que emerge la clase media.
La inseguridad marca este periodo, y es aquí cuando Foxley aboga por “convertir estos cambios en oportunidades y hacer que la adhesión de la población con el sistema sea algo activo”.
Según el ministro chileno, la incapacidad de asimilar estos cambios por parte de los países latinoamericanos ha parado el desarrollo y ha provocado la precarización de los empleos y sistemas de seguridad social que no cubren a la gente. “O hay temas que se abordan como alta prioridad, o el camino al desarrollo fracasa. Estos cambios hay que enfrentarlos con acuerdos y de frente para modificar las instituciones. De lo contrario, entraremos en una espiral de avances y retrocesos y estaremos permanentemente explorando pero sin acercarnos a los países ya desarrollados”.
Para ello, Foxley propone “construir un sistema de protección social para los pobres y para los nuevos pobres, la gente que con nuevos sistemas se han caído por debajo de línea de pobreza”.
Cambios como oportunidades
De este modo, “la población entenderá los cambios como nuevas oportunidades, pero si no se acompaña de una sensación general de seguridad, no habrá identificación entre el proyecto del país y lo que las personas deciden en su día a día”.
Este proceso de integración entre político, social y económico ha sido el gran ‘punto negro’ en América Latina en las últimas dos décadas, que, según el canciller, ha construido su integración “de arriba hacia abajo”.
Abordar los problemas de la inmigración
La prosperidad de Chile en los últimos años está enfrentando a su Administración a uno de los grandes problemas de la actualidad: la inmigración. Chile recibe miles de ciudadanos de Perú, y Foxley considera que “mientras haya asimetría en distintos países, es lógico que haya flujos migratorios”.
Para afrontar esta realidad, Chile creó una comisión interministerial de integración social y cinco ministros peruanos fueron invitados al país para elaborar reglas comunes y un estatuto de acceso a servicios de acceso sociales básicos y derechos.