Dice que no permite frenar la inmigración
Vaticano: "Los muros fronterizos siempre son peligrosos"
Los muros fronterizos "no ofrecen un aporte positivo", según el Vaticano. (AP)
19/10/2005 | StarmediaImprimir
"Los muros fronterizos son siempre peligrosos, no ofrecen un aporte positivo ni permiten frenar la migración, por lo que es mejor tender puentes" afirmó el cardenal Jean-Louis Tauran, funcionario del Vaticano.

El Archivista y Bibliotecario de la Iglesia Católica se refirió así al reforzamiento de 120 kilómetros de barda en la frontera entre México y los Estados Unidos.

"Se trata de un problema que tiene como causa la frustración de tanta gente sin medios para sobrevivir; por lo tanto existe el peligro de pensar que afuera se encuentra la solución aunque esto sea, en parte verdadero y en parte no", señaló.

Oportunidad para permanecer en lugares de origen
Consideró fundamental establecer los instrumentos para darle la oportunidad a la gente de permanecer en sus lugares de origen, darles las facilidades para encontrar puestos de trabajo, formación intelectual y profesional.

"Este es el único modo de evitar la necesidad de salir, lo cual es siempre una aventura, sobre todo causa de tantas pruebas que se viven, ustedes los mexicanos lo saben bien", agregó.

Tauran se sumó a la condena ya hecha por Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante la Organización de las Naciones Unidas, quien el 19 de septiembre pasado subrayó la inutilidad de los muros fronterizos.

Frenar la inmigración con políticas adecuadas
Agregó que para el bien y la prosperidad de todo el mundo, los países desarrollados en coordinación con los más pobres, deben poner en práctica una política eficaz encaminada a frenar la migración.

"De este modo, los ciudadanos de las naciones menos adelantadas podrán decidir libremente permanecer en casa, donde puedan lograr, para ellos y sus familias, empleo y condiciones de vida a las cuales puedan llamar realmente dignas", sentenció.

El purpurado ocupó por muchos años (1991-2002), durante el pontificado de Juan Pablo II, el puesto de responsable para la Relación con los Estados de la Santa Sede, considerado coloquialmente como el 'ministro de relaciones exteriores' del Papa.