Su estilo coloquial y directo, su adicción al trabajo con jornadas que comienzan antes de las cinco de la mañana y suelen terminar en la medianoche, le han granjeado un apoyo popular en las encuestas superior al 60% a lo largo de su mandato.
Contacto con los ciudadanos
Estos foros, en los que escucha directamente a los habitantes de las regiones colombianas y compromete a los ministros en su solución, a veces regañándolos, se han convertido en uno de los mecanismos más efectivos en su acercamiento hacia los ciudadanos.
Pero también dan fe de su carácter autoritario e irascible.
Una de las imágenes más frecuentes de esas reprimendas públicas, han sido los regaños a los militares, a quienes a diario exige resultados en su cruzada contra la mayor guerrilla del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). No en vano durante su gobierno rodaron las cabezas de unos 30 generales.
Conservador y católico
Tradicionalista en su forma de ser y católico muy cercano a las ideas del Opus Dei, Uribe no duda en asumir a ultranza posiciones cerradas.
Así ocurrió cuando ante un grupo de jóvenes ensalzó la abstinencia sexual. También se opone a leyes que legalizan parcialmente el aborto y la tenencia de una dosis personal de drogas.
La referencia de USA en Latinoamérica
Aliado incondicional de Estados Unidos, Uribe hizo de la Seguridad Democrática el eje de gobierno, y dice que su reelección le da continuidad a una política con la que asegura doblegará a las FARC, la guerrilla que asesinó a su padre en junio de 1983.
No obstante ese episodio y la decena de atentados a los que sobrevivió como gobernador provincial y presidente, niega que la lucha antiguerrilla sea una empresa personal, y destaca como logros la baja de los homicidios, los secuestros y el repunte económico.
Su reelección lo consolida como principal aliado de Washington en América Latina, donde en los últimos años han llegado al poder a través de las urnas gobiernos de izquierda.