Sólo por el crecimiento demográfico que experimentará la región en los próximos años, que disparará la población a unas 600 millones de personas, será un mercado interesante para las empresas transnacionales.
Tanto la tasa de desempleo, cada vez menor, como el índice que marca la línea de pobreza, situado por debajo del 15%, marcan la evolución del país presidido por Bachelet, pero su canciller, Foxley, pretende recorrer el resto del camino “junto a países afines, con los que podemos tener cosas en común”.
En este sentido, el canciller Foxley considera como parte del proceso de apertura de Chile “los tratados de libre comercio con 58 países en el mundo, que representan 3.800 millones de personas, y por nuestra posición geográfica hemos dado importancia a países de Asia y hemos concluido acuerdos de libre comercio con número importante de estos países, como Corea del Sur, China, Singapur, y a final de marzo, viajaré a Tokio para sellar otro más”.
La clave para lograr una posición en estos mercados es “la asociatividad, porque un país mediano no puede trabajar solo. Nos atrevemos a firmar estos acuerdos porque nos ponemos un alto punto de exigencia para entrar en sus mercados con competitividad y con capacidad para afrontar esta escala de producción”.
Y esta situación, Foxley también la traslada al actual panorama internacional, ya que “los países medianos con éxito económico y con una voz que se escucha tenemos que expresarnos de manera conjunta en los foros y tenemos que acostumbrarnos a dialogar más”.