De este modo y tras el reciente sismo de Perú, donde todavía se están recuperando de los movimientos violentos de la Tierra, países como Guatemala y México -que ya sufrieron desastres similares- ofrecen un panorama de cómo afrontar la vida después de este tipo de sucesos.
El 4 de febrero de 1976 un devastador terremoto de 7.5 grados sacudió una gran región de Guatemala, un país atravezado por una serie de fallas. Alrededor de 23.000 personas murieron y más de 250.
Casas de adobe
Es una tecnología tradicional de construcción con arcilla y paja muy usada en Guatemala por lo sencillo y barato que resulta pero que el gobierno, a raíz de su fragilidad en la infraestructura de las viviendas pensó en prohibirla.
Los puentes y carreteras quedaron totalmente colapsados y el área de salud resultó afectada en un 80 por ciento.
Por todas estas razones expuestas por el jefe de Análisis de Riesgo de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres de Guatemala, Manuel Mota, cuenta que un mes después se creó el Comité Nacional de Reconstrucción con unidades de coordinación y para estar mejor preparados si volvía a ocurrir lo mismo.
Acciones tras el sismo
Además de la falta de coodinación, se encarecieron los materiales de construcción por el 'boom' que se registró tras el terremoto. Mucha gente migró hacia la capital, casi sin recursos. Ante esa explosión edificativa, la mano de obra se hizo escasa y no fue fácil encontrar personal cualificado.
A la vez, y en contraposición, se generaron mapas geológicos para disponer de información ante los fenómenos de la naturaleza. Se inicia un trabajo detallado de la sismicidad y se realizan estudios del suelo. Se crea la carrera de Geología, que antes no existía y se empieza a cualificar y concientizar a la población. La actuación, siempre suele darse tarde, cuando el desastre ha sido ocasionado, pero Mota, optimista, dice que "hay que aprender de los errores para los procesos de reconstrucción".